La isla que comprendió César Manrique

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*Por M.J. Tabar

Las intervenciones de César Manrique en el medio natural de su isla natal conforman una obra pública singular e irrepetible.

En 1965, el polifacético artista lanzaroteño impulsó varias intervenciones basadas en su ideario estético (arte-naturaleza/naturaleza-arte), que pusieron en valor el paisaje de Lanzarote, conservandolo y recreándolo con el lenguaje del arte contemporáneo.

“Tenemos que aprender de nuestro propio medio para crear, sin tener que partir de ninguna idea establecida. No tenemos que copiar a nadie. Que vengan a copiarnos”, decía César, reivindicando la personalidad de su tierra.

Pasear por el litoral de Lanzarote o recorrer sus carreteras implica entrar de lleno en una obra, que transformó el modelo económico y la autoestima de la isla.

Haría

Jameos del Agua

Su naturaleza lávica, su estructura, sus usos, que combinan el arte, la música en vivo y la investigación científica, Jameos es obra esencial que dice mucho sobre César.

En los años 60 del pasado siglo, quiso convertir este jameo ( desplome del techo de un tubo volcánico) en un espacio único en el mundo. No lo hizo en cualquier sitio: eligió el tubo de lava inundado más largo del mundo, el que transcurre desde el Volcán de la Corona hasta el mar, en la costa noreste de Lanzarote.

Jameos del Agua / Imagen cedida por los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote

El espacio, con enormes valores geológicos e históricos (aquí se refugiaba la población de las incursiones piráticas), era utilizado por la población local como zona de ocio y estaba degradándose. En 1964 empezaron las obras de acondicionamiento que no concluyeron hasta que en los años 80 se construyó un auditorio, único en el mundo por su ubicación y por el que han pasado artistas de la talla de Alfredo Kraus o la Compañía Nacional de Danza. Nadie podría adivinar su existencia: al exterior asoma una discreta cúpula poligonal, que parece el caparazón de un ser legendario pero discreto.

Los colores (el azul de la piscina, el blanco de las superficies enjalbegadas, el negro de la roca, el verde de la vegetación) potencian la belleza geológica del lugar, que alberga en su laguna natural una especie endémica de cangrejos ciegos albinos (Munidopsis Polimorpha), fundamentales para los estudios de biología evolutiva que se desarrollan en la isla.

Mirador del Río

Camuflado a 400 metros de altitud en el Risco de Famara, propone una relación con la naturaleza basada en el conocimiento, el respeto mutuo y la simbiosis, tres características que se encuentran en la arquitectura vernácula de la isla y en los sistemas agrícolas que idearon los campesinos conejeros, y que César defendía.

César convirtió una batería militar del siglo XIX, propiedad del Ministerio de Defensa, en un ojo panorámico abierto en la roca: un semicírculo de piedra volcánica perfectamente integrado en la pared del acantilado.

La obra duró dos años y contó, como siempre, con el imprescindible trabajo y criterio del maestro artístico Jesús Soto y del arquitecto Eduardo Cáceres. En 1973 se inauguró este mirador desde donde se disfruta una panorámica espectacular: el río (brazo de mar) que separa Lanzarote de la octava isla canaria, La Graciosa, y del resto del Archipiélago Chinijo.

Imagen cedida por los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote

Casa-Museo y retablo de Máguez

En 1986, Manrique adaptó una vivienda campesina en ruinas, cerca del palmeral de Haría, para convertirla en su casa. Fue un hogar en el que volcó toda su personalidad. Su taller, sus colecciones de arte (máscaras, cerámica aborigen, pintura contemporánea), su biblioteca y su mobiliario revelan la estética, los deseos y los humores del artista. Todas sus pertenencias y sus cuadros inacabados se conservan tal y como el artista los dejó antes de fallecer en accidente de tráfico en 1992. En 2013 se abrió al público como Casa-Museo de César Manrique.

Más desconocida, pero tremendamente original, es su única obra religiosa que se encuentra a pocos kilómetros de su vivienda: es el retablo de Iglesia de Máguez,construido en 1974 con rofe rojo extraído de la vecina cantera de Guatiza.

Teguise

Jardín de Cactus

Su última gran intervención volvió a recuperar un espacio degradado, una antigua cantera llena de basura, ubicada en la costa de Guatiza y Mala, la zona con la mayor plantación de tuneras de la isla. Aquí  Manrique diseñó un cactario que hoy acoge 4.500 ejemplares de 450 especies de los cinco continentes.

Imagen cedida por los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote

Un monolito de ceniza volcánica y un molino recuerda el pasado reciente del lugar, hoy convertido en un anfiteatro inspirado en los refugios de cabreros típicos de la ganadería lanzaroteña (taros). Como en sus grandes obras públicas, la estética manriqueña lo coloniza todo: los detalles ornamentales, el interiorismo, el recorrido del jardín, la arquitectura…  En 2017, el Jardín de Cactus recibió el prestigioso premio de paisajismo internacional Carlo Scarpa. 

Fundación César Manrique

Artes plásticas, medio ambiente y reflexión cultural. Son las tres áreas de trabajo de la Fundación César Manrique, una institución cultural privada sin ánimo de lucro que nació para conservar, estudiar y difundir la obra de César Manrique.

Los proyectos que impulsa están relacionados con el vínculo entre el arte y la naturaleza. También desarrolla actividades para favorecer la conservación del medio natural, la ordenación sostenible del territorio y el pensamiento crítico.

Su sede se encuentra en Tahiche, en la primera casa que tuvo César Manrique en Lanzarote, edificada sobre una colada lávica de las erupciones del siglo XVIII. El edificio se levantó sobre cinco burbujas volcánicas naturales y hoy se divide en una casa-museo visitable que constituye una espectacular obra de arte y en salas de exposiciones dedicadas a la obra de Manrique y a otras muestras que reflexionan sobre el arte, la naturaleza y el espacio público.

Arrecife

Museo Internacional de Arte Contemporáneo

¿Por qué no recuperar para el mundo del arte una fortaleza militar de tiempos de Carlos III? Con el apoyo, el entendimiento y los recursos del gobierno insular, César Manrique transformó el Castillo de San José (siglo XVIII) -cuyo exterior estaba convirtiéndose en una escombrera- en un centro de arte contemporáneo pionero en 1976.

El museo se inauguró con piezas de artistas como Picasso, Chagall, Giacometti, Bacon y Moore. César impulsó la creación de la actual colección del Museo Internacional de Arte Contemporáneo de Lanzarote que cuenta con piezas de artistas españoles coetáneos, como Miró, Tapies, Chillida, Gordillo o Canogar. Respetó la estructura del baluarte y decoró el museo con lámparas fabricadas con botellas, una preciosa y orgánica escalera y otros elementos de su imaginario interiorista.

Pintura mural

El mural Alegoría de la isla (1950)ubicado en la antigua cafetería del Parador (hoy Aula Magna de la UNED de Lanzarote) fue una de sus primeras intervenciones en Lanzarote. Un jovencísimo César pintó en estilo figurativo a unos campesinos ciclópeos en simbiosis con la naturaleza. Esta no fue su primera obra: tres años antes, cuando todavía estudiaba en Madrid, César pintó otro mural en la pared del bar del antiguo Casino de Arrecife (hoy Casa de la Cultura Agustín de la Hoz).

Los jardines del Hospital Insular, la plaza de Las Palmas (o plaza de la iglesia), su casa natal, ubicada en el Charco de San Ginés, donde hoy sirve sus famosas tapas de pescado Casa Ginory, la escultura Barlovento, construida con chatarra de barcos y que hoy corona la rotonda del Arrecife Gran Hotel… Arrecife vio nacer a César y su huella es permanente en la ciudad porteña. A veces lo es también su sombra, ya que buena parte de sus intervenciones en el litoral arrecifeño (Parque José Ramírez Cerdá, Parque Islas Canarias, Islote de Fermina) se encuentra en mal estado de conservación o incompleta.

El Almacén

Epicentro de la vida cultural arrecifeña, El Almacén fue un sueño hecho realidad. César Manrique, junto a tres amigos (Pepe Dámaso, Luis Ibáñez y Yayo Fontes) reformaron dos viviendas burguesas del siglo XIX, que habían sido sede de la Escuela de Artes y Oficios de Arrecife, para crear un centro “polidimensional” y vanguardista, un laboratorio cultural.

Durante veinte años, El Almacén fue un referente cultural regional y nacional, un regalo que satisfizo los deseos de tertulia, encuentro y descubrimiento artístico de la población local. Arte africano, jazz, ballet, potajes servidos con vinos malvasía o vinos portugueses, conferencias sobre Durero… La programación era efervescente, variada y escrita a rotulador.

“No tiene precedente en Canarias una experiencia cultural como la de El Almacén”, escribía el periodista Juan Cruz en 1974. El principal estatuto de sus impulsores era “quitarle al arte todo ese oropel que lo ha alejado de la plaza pública”.

En 1989 el Cabildo de Lanzarote compró el inmueble y lo remodeló para instalar en él oficinas para su departamento de Cultura. Hoy sigue abierto como centro de innovación cultural, cine, galería de arte, vivero de empresas culturales y bar.

San Bartolomé

Casa-Monumento al Campesino

Si hubo un defensor de los ingenios y valores de la arquitectura tradicional lanzaroteña ese fue César Manrique. Frente a la mole y el desarrollismo, él planteó que las construcciones en la isla obedecieran al sentido común y al contexto insular. En 1968 quiso rendir homenaje al campesino de la isla y su inteligente vivienda tradicional con una escultura monumental y un grupo de edificios.

Las geometrías de la escultura Fecundidad se fabricaron con tanques y materiales reciclados de la flota pesquera de la isla, pintados de blanco. La Casa-Museo del Campesino está situada en el centro geográfico de la isla, en la entrada del paisaje protegido de La Geria, a su vez una obra de arte agrícola que nació de la observación y la lucha por la supervivencia, después de las erupciones de 1730. Muros blancos y maderas verdes, abstracción y tradición, arte y vida: es el sello manriqueño.

Imagen cedida por los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote

Yaiza

Timanfaya: Restaurante El Diablo

La huella de César también permanece en uno de los paisajes más impresionantes del mundo: el Parque Nacional de Timanfaya. Continuando con el plan institucional de conservar y adecuar los espacios más significativos de la isla, Manrique participó en el diseño de la Ruta de los Volcanes, una senda escénica pensada para tener el mínimo impacto en el territorio y la máxima conmoción en el visitante.

En el Islote del Hilario se percibe la mano plástica y paisajística de Manrique, con los hornos amurallados con piedra volcánica donde se cocina con una fuente de calor natural: los 600ºC que se registran a 15 metros de profundidad, en esta zona de vulcanismo activo.

La cristalera panorámica del Restaurante El Diablo es otra carta de presentación de César, que limitó su profusión decorativa pop para que todas las miradas se concentrarán en los campos de lava. De César también es el emblema de este Parque Nacional: un diablo esquemático con aires de chanza.

César se encuentra a cada paso que se recorre en la isla. También en sus famoso juguetes de viento, esculturas móviles que salpican la isla. César surge en cada conversación política o circunstancial. En el paisaje.  Ya lo dejó dicho el poeta Manuel Padorno en su Homenaje a César Manrique

“No eres más que lo que amas,

y lo que amas no es más que la belleza

que te da tu isla a ti sólo:

Tu paisaje redondo

a mi pensamiento parado”.

*Imagen de portada cedida por los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote